Javier Ramírez Viera
Javier Ramírez Viera

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JavierRamirezViera.com
Las
Palmas de Gran Canaria, España.
2010
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INDICE:
Arena de playa…………………4
Monique LaSalle……………..30
Poesías varias………………..58
Arena de playa
DESCRIPCIÓN DE LA OBRA.
Gran Canaria en cinco poesías que conforman el poemario “Arena de Playa”:
LA MAR
LA BRISA
MIS CUMBRES
MI PLAYA
MI SER INCIERTO
PRIMERA POESÍA
LA MAR
Se aviene la mar,
vestida de magia,
de esa inmensidad,
la que aviva el pensamiento,
y rodea mi cuerpo,
en su mercurio suave,
como otro universo,
cual espejo confuso,
y tiempo eterno.
Inmisericorde tacto,
ansioso como el viento,
viene y viene el mar,
en lo largo y ancho,
se tiene extenso,
lo veo,
y no termina,
es la tortura mía,
es a mi pie su techo,
¡mar adentro!
Se hace de plata,
allá en el espejo de la playa,
en su orilla suave,
de arena prensada,
en hilos de arco iris,
y riachuelos que no callan,
para besar mis dedos,
risueño,
y vuelta a su casa,
adonde la prole,
la que nunca se apaga.
Se quema en crestas,
cuando arde de rabietas,
confuso y revuelto,
quizá enojado,
tal vez de amores por la isla quieta,
en mil embestidas de nata,
¡ahí van esas aguas!
yunque y martillo,
ahí vienen,
ahí estallan.
A menudo sopla,
en esa niebla clara,
bañando la costa,
y helando mi cara,
con esa fuga suya,
nebulosa plaga,
con el misterio de sus adentros,
vuela el suspiro,
y vuelan las lágrimas.
Canta y susurra,
y a veces grita,
tal vez se lamenta,
tal vez llora…
quizá ríe insana,
mientras palpita,
en su vaivén de locura,
sus tirabuzones de hielo,
golpetea y se muere,
se abre en carne viva;
una caricia lo mata,
va y viene,
busca,
y se retira.
Se come el Sol cada tarde,
y se deja mimar,
le andan,
los pescadores y sus naves…
se viste de estrellas al mediodía,
y de banderines blancos,
de navegantes,
en velas latinas que lo trazan,
como gaviotas en el aire,
en ese añejo de la costa,
y ese hacer fresco,
cuasi frío,
del mar y sus retales.
Ora,
en el baile de luciérnagas,
en la noche,
pues de ganas se sobra…
que reza su gente un rumor,
calla,
se aviene,
lentamente,
ahora…
suena el silbido,
su serpiente,
te acalla,
pide silencio,
va y viene,
osa.
¡Cuánto diera por no perderlo!
por tenerlo siempre,
ahí,
siempre hasta mi calle,
ese mar imprevisto,
esa mar fijo,
acompañante,
que se posa en sí mismo,
se traza,
de un confín a otro,
en su esfera de fraudes,
con el tinte de su antojo,
según el cielo ande, o no ande,
descolorido de tristeza,
como luminoso y brillante.
…Que no se acabe,
que tinta mis pupilas,
cada vez,
cada día,
cada instante,
en su singular silueta,
tan sumisa,
y tan arrogante…
que nadie la falte,
ni la acalle,
que florece donde muere,
y muere donde nace…
que me acuna desde que fui,
y me tiene en su largo valle,
son las aguas de mi crianza,
es el mar de mi sangre.
SEGUNDA POESÍA
LA BRISA
Oye,
soplan los árboles,
tibio baile en su serenata,
en el va, que se viene,
en al canto inevitable…
por cumbres que revolotea,
son las mariposas del soplo,
el que nadie sabe,
porque no se ve,
pero vuela siempre,
siempre ese suave nadie.
Es como madre,
acariciando mi cabello,
como ese pecho de amor,
ése que me acoge en su regazo,
del que tanto quiero,
y tanto que me hace el llanto,
con sus cosquillas de niño,
y esos juegos de payaso,
ríe por donde pasa,
pasa como trenecito,
y luego se desvanece,
nadie lo sabe,
nadie lo ha visto.
Es el viento de mi casa,
que de algodones se llena;
los va sopesando,
paso a paso,
los lleva de largo,
de largo se los lleva…
por pinceladas de nieve,
en cucuruchos y montañas,
y glotonería hastiada,
ahí van…
y ahí vienen,
nubecitas en rebabas.
Sé de cuando no está,
de cuando anda triste…
que apenas murmura silencios,
y la bóveda,
apagada,
es eterno plomo de grises;
un nubarrón eterno,
sin principio,
ni desencuentro,
en la cortina del cielo,
¡ay, tan enfermo…!
resfriado,
no tose,
sino sufre el silencio de los muertos.
Son mis peores momentos,
cuando se deprime el firmamento,
que apenas anda,
estancado de recuerdos,
atropellado de sí mismo,
de tanto que pesa,
peso ligero,
quiere caerse,
y siempre vuela,
vuela cansado de tormentos.
Sé cuando sufre,
cuando la fiebre lo cansa,
triste se aviene,
cargadito de arenas quemadas,
en el turbio lodazal de su esencia,
crecido del confín a la nada,
desvanece mi tierra,
tierra fantasma,
jugó en tierra salvaje,
viene de lejos,
alforjas sobradas.
Noto cuando me ama,
en besitos de sombra,
en sombra está,
fresquito me pasa,
cuando la luz lo merma,
allá se esconde,
en penumbras de mi morada;
que hay un grifo abierto,
alguien lo ha dejado correr,
y le nace esa esencia,
un riachuelo,
un vientecito que vuela,
y me toca sin saber.
Caricioso incesante,
amigo,
casi amante,
con su aire de erotismo,
me toca,
tienes sus propios aires;
imagino piruetas,
serpentinas de milagros,
que arrancan el vuelo a las hojas…
quisiera volar,
volando adonde me trate,
adonde quiera arrancarnos,
volando me sobra,
volando ande.
¡Ay diablo!
¿quién te hizo?
¿adónde sales?
navegando mi sitio,
mis lugares,
te cuelas en mi vida,
en mi vida no falles,
fuiste mi primer beso,
allá por cuna,
me viste,
y me acunaste.
TERCERA POESÍA
MIS CUMBRES
El regaliz de tu perfume,
y ese calor en verde,
en el pardo sofocante,
y el hielo de tu copa,
me vistieron de juegos,
de niños en bromas,
entre arboledas y pajullos,
de rascacielos,
el musgo,
y sus alfombras,
Porque es cama por siempre,
salpicada de aceitunas,
que se convertían en balas,
de niños,
sus diabluras,
piñas bravas,
la guerra y mi fortuna,
en el acopio de mi camisa,
y la risa de la lucha.
Corrí aquellas montañas,
y me deshice patinando,
un vuelo,
y un salto,
como cabras,
poco a poco,
trepando…
¡vuela y escala!
en el trono de mi tierra,
sus cumbres,
y su casta.
Allá el murmullo del mundo,
tan abajo,
y tan dios me sobraba,
sobre el mar de nubes,
el Sol se despeina,
y una montaña nevada,
nace,
irrumpe,
por barquito de sueños,
la iba,
quería tocarla,
ennegrecida como volcán,
y por sombrero plateada.
Nunca toqué tanto el cielo,
ni vi mundos nuevos,
ni supe del tiempo,
que, deshilachado, me pasó de largo,
de largo se frío,
y se hizo hielo,
se hizo ocaso,
en el atardecer de La Existencia,
allá, donde la cumbre me lo enseñó,
¡me hizo tan pequeño,
tan alto y tan quieto!
temeroso de esa tormenta,
esa tormento del firmamento,
fui como Dios,
y luego me hice miedo.
Jamás supe más de mí,
ni entendí mi Universo,
como hormiga debí quedar,
no debí subir al cielo…
es malo,
es diablo eterno,
crecido de mil confines,
es tanto…
me callo,
y vuelvo al juego;
hombrecito no es para morir,
no debe saberlo,
debe su inmundicia latir,
sus batallas,
y sus fueros,
que es mucho grande,
mucho camino entero…
supe de una cima,
y, desde entonces, la pienso,
y creo que me caigo dentro,
es la culpa de lo eterno,
que, tan cerca,
y tan lejos,
le tengo mucho miedo…
¡quiero ir a verlo!
¡quiero ser dios de nuevo!
CUARTA POESÍA
MI PLAYA
Se arremolinaban las alimañas,
allá en la orilla,
donde la sopa de matojos,
de hilachos y de algas,
en el remolino a mis pies,
y ese áspero tacto,
esa tierra mojada,
que se desgarra,
se araña,
con el soplo del agua;
aún no piso nada,
sino ese linde,
esa magia,
donde viene la playa.
Sólo veo aquella tierra,
la de nadie,
esa serpiente,
esa muralla,
que tanto se extiende,
que tanto llama,
más allá del charco,
más allá de las aguas,
emergiendo con proeza,
naciendo,
entre mareas bravas.
Ya la habitan los equilibristas,
entre chiquillos y soñadores,
y nado con ansias,
la busco,
nado amores,
que quiero saber de mundos,
de La Luna,
y esa rareza de los sueños,
y esa ciencia-ficción,
y esa aventura…
del desgarro del mar,
y esa roca por muro,
que es misterio,
y es silencio,
crece de la nada,
y me saca el niño puro.
La voy tocando,
esas escaleras,
y ese malentendido,
entre rocas y nichos,
alfombras de musgo,
vienen,
mis pies aferran,
llego… y he ido;
tiene dos caras,
mil relámpagos,
mil escamas,
allá en su piel de cocodrilo…
que veo centellas,
todas en sus charcas,
me abro paso…
tiene largo camino.
Y otra razón arriba,
donde el cielo la baña,
con jacuzzi de aliento,
que no arde,
sino da abrigo,
y da calma,
con el sol rabiando,
y el verde sentido,
mis calcetines de pana,
y ese traje,
ese frío,
no más que tocarlo,
piedra bruta,
piedra es más mi sitio.
Como lagarto me siento,
y como rapiña miro,
hay estrellas fugaces,
hay nervio,
y hay bichos,
en remansos y lagunas,
en espejos,
y en nichos,
se habitan las criaturas,
entre caracolas,
pinchos,
alacranes,
y extraterrestres vivos.
…Tan cerca de casa,
y tanto que no he vivido,
hoy estuve en Marte,
marciano convencido,
vi el misterio de mi mundo,
y el silencio natural,
el que se esconde,
y se ve por atrevidos;
sólo buscando se halla,
y es un tesoro perdido,
y quien lo toque se embelesa,
y nace de nuevo,
y siente que se crece,
y siente que está tan fuera,
que hay vida en sus fueros,
allá en la roca aquella,
hay vida tan pequeña…
y vida que no cesa,
tanto en la cantera,
barra de vida llena.
QUINTA POESÍA
MI SER INCIERTO
Me nace,
ésa, la sangre andaluza,
por padre nacido,
en esa esencia que presiento,
y que no he vivido,
que me es excusa,
y de sinsabores de nobleza,
por perdido,
soy hijo de ambas piezas,
por un flamenco que ni entiendo,
y una parranda de palmeras.
Mi mal grillo,
en la habla tosca,
y ese deje gitanillo,
tengo tanta sangre,
como tanta sangre he perdido,
y me siento que vuelo,
lo quiero,
como mis pies se tienen al piso,
en la maraña de mi tierra,
me quedo,
y no sueño sino haber salido.
Es el vaivén de mi herencia,
que me vuela,
la llevo dentro,
no sale sino apenas,
en la duda de paisanos,
en la queja,
tonta queja…
que veo el monte,
y veo la mar…
¡ésta es mi condena!
soy hijo de mis pies,
nací aquesta,
son las puertas de mi casa,
son mis ventanas,
y mi hogar llevo a cuestas.
No me quiero otro,
y tanto que quisiera ser,
me hierven las manos de llanto,
como de risas,
y de querer;
por un torrente,
y un desvarío de persona,
que me toca,
y me llama,
me grita,
y me llora.
Por eso me mato,
me lleno de locuras,
me siento extraño,
y me siento tanta dicha,
como tanta penuria…
alejado del mundo,
y tan cerca,
tan cercano,
con el viento del orbe,
y el orbe que va pasando.
Tan anclado a La Luna,
tan pegado,
en estrellas que no vi,
en caminos olvidados,
quiero gritar,
y apenas hablo;
con la tinta de un pincel,
escribo mis temores,
y mi llanto,
ese don de ser,
esa herencia de otras lares,
soy un poquito de aquí,
y un poquito de nadie.
Por eso pido perdón,
por excusarme,
siendo un tanto avenido,
y otro tanto un error,
y un acierto acontecido;
mil mundos en mi casa,
mil ansias,
y ese horror,
ese poquito de gloria,
y esa tanto de pudor,
con camino por delante,
y el futuro que no falle,
ande mis pies la tierra,
¿adónde vas…?
nadie lo sabe.
Por eso soy hijo,
y seré padre,
y mi tierra me la llevo,
guardadita,
tiene su equipaje,
me anda viva,
me anda en sus aires,
la llevo en la cara,
la llevo en mi talle;
soy las cumbres,
la playa,
ese bosque,
y esa sangre…
con un poquito de piedra,
y otro de sal,
un sinfín de estrellas,
y algo de arena muerta,
me fraguaron el alma,
toda ella,
me nace y me muere,
¡ésa es mi herencia!

Parte primera
Monique LaSalle
Cual fotógrafo de albas,
con la vista perdida cada mañana,
en amaneceres de caldera,
donde tiembla el horizonte,
bajo el disco del infinito celeste,
se va tiñendo la esfera,
nada la barca entre corrientes,
nada mar afuera,
nada,
nada valiente.
Rudo hombre de redes,
educado entre mareas,
de la mar que huele a dolores,
penas, llantos y honores,
tarea de hombres,
tarea,
del mar hace más su casa,
del mar vive y come,
del mar sabe sus sabores,
del mar cada mañana,
de la mar son sus dolores.
Porque padre dio bendición,
carácter, formas,
enseñó de pitas, anzuelos y cuchillos,
de padre cada día,
como norma,
de padre ser sencillo,
amar a Dios en sus cielos,
bajo el bendito quicio,
bendito,
amar la mar brava que da muerte,
amar la brava mar que da cariño.
Pero padre dio vida y muerte,
en cuarenta años de hijo fuerte,
nacido para amar la mar,
y allá, allá cumplida su suerte,
asimismo padre dejó la vida,
como la mar deja sabida,
que la mar bendita lo encontró,
todo,
todo en una mañana tranquila,
de trabajar,
sopló Dios,
la mar maldita lo reclamó,
la mar…