Excerpt for Pensamientos de una noche (de las que continuan con la siguiente) by Hector Perez de Avila, available in its entirety at Smashwords

PENSAMIENTOS DE UNA NOCHE (DE LAS QUE CONTINUAN CON LA SIGUIENTE)

Escrito por:

Héctor Pérez de Ávila.

Smashwords edition

Copyright 2011 Héctor Pérez de Ávila

Foto de portada: Noche en Blanco 2008 Por Jose Madrid. Licencia Creative Commons Atribucion 2.0.

License Notes

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A mis padres, mis hermanos, mi familia y amigos:

los que siempre me ofrecieron su apoyo y confianza....

A la noche, que siempre me acompaña en mis sueños despiertos...

A mi abuelo Hector Augusto, aquel viejo cantor olvidado quien me confirió

su lugar en este ahora dolorido y poco inspirado mundo....

SOMBRA COMPADECIDA

El mantel del fresco estrado

Reposa a las sombras de los altos

De las penumbras,

Una más oscura descansa,

Alguien disfruta de la cobija sombría

Cálido fragor del frío ósculo

Etéreo a las arenas del quien

Flota a la suave firme nodriza

De los círculos de eternidad.

Ojos cerrados miran al cuarto

De silencios traicioneros

Que dejan de callar por las danzas de los vientos,

Todo al visto no llama

El reconfortado viajero

Menos la penumbra sin dueño

Frente a él,

Radiante a las paredes ásperas

De troncos sin rumbo;

Siente el beso de su mirada

Deprimida y torna a su aliento,

Como silueta sombría

Oculta su libre suspiro

Inmóvil a mirar

Al vacío de sus ojos asombrados

A la vez apenados.

Manda su mirada del sorprendido

De aquella umbría huérfana,

Que de furtiva sensación

Asustado contempla su reflejo

Del quien sigue sus pasos,

En cual no desviada esta

De lánguidos roces etéreos

Como camina el viento

De fríos sentimientos que

De sus suaves caricias simulan...

Y a lo lejos su mirada

Pregona la lánguida

A la vez deprimida devoción,

Dolor intenso a la ofensa

Al profundo vacío

Que de bultos tormentos

La sombra cayo.

LOS REFLEJOS

Sombras en círculo dispersos,

En tenebroso desierto contemplo

Y pisa la noche encerrada

Que el silencio grita pasmada

Solo esta el candor del curioso,

Que anda a ciegas

En busca del quien

Será capaz del espectro.

Extraviado el hombre

Dentro del aire inmóvil

Que de miedo ahoga

Por indeciso saber.

Sorprendido es el andador indeciso

Mirar las sombras coloreadas

Que en frente a el los mira,

Mórbido vacío llena aquel

Que nada es en mi frente dice.

Sorpresas llaman la conciencia del angustiado,

Temblorosa el alma poseída

De un misterio errante encarcelado

Nombrado Fobos,

El espectro muestra mas profundo

Que dibuja sus líneas superficiales

Pero más profundo y empañado lo ve;

No tiene el despertar del púrpura

En su sangre de espartano

Para besar con sus dedos

El agua de los espejos,

Acariciar el cabello

Y el rostro de su reflejo,

El es solo un deseo escondido,

Un deseo acorralado en un rincón

Que no han podido tender su mano.

¿Quién será afortunado

En ganar la sonrisa de la umbría

Quien mora en el agua?

Uno son millardos

La esperanza del bello misterio.

PENSAMIENTO AL BEL CANTO DEL BOSQUE

Rondan vientos vigores

En los cúmulos de nubes errantes,

Fantasmas del quien no sabemos dónde van,

Intenta estremecer subes y bajas

De colosos milenarios y arbustos

En el juego de escondidas,

El zarandeo de la templada madreselva

Y el sonido de ásperas caricias,

En el ritmo del viento,

A la carga de la gloriosa vanguardia,

Claman su alegre regocijo

Cual infantes que la vida

Es de canto angelical

Guardan en su espíritu la memoria.

Libres toneles de matariles

Vibra en el más radiante retrato

De las entrañas del verde campo fabuloso,

Que en los ojos son pintados

Con el deseo de tocar y marcar

En el lienzo soñador

Del quien quiere tener al bosque

Su rostro,

Y el alma impregnada de la

Música de aquella hermosa

Orquesta de matusalenes,

Pequeños soles silvestres

Y vientos viajeros cantadores,

El ritmo de percusiones,

Batutas y corales.

En otro de los días del recuerdo:

¿Dónde esta este misterioso canto,

en aquel día de dudosa y espesa

Nube quien cobijó en el suelo dormido

En las cúpulas de la mañana?

Estos días del aquel confuso sentido

De aquellos ojos que son opacos

Ver al paraíso,

El camino del aquel señor

Al tiempo invoca,

Repentina voluntad del destino,

Cual vació ensordecedor

Al tan hermoso solfeo

Prosigue en un temido silencio,

Interrumpían los cuervos

Con gemidos de temblores y sustos;

¡Pobres cantos del cual armónicas

de Orfeo mueven alegres esencias

Con sus sueños al cielo!,

Sensación me da las voces arrinconadas

Y las risas dormidas de reluciente

Armonía infantil,

Pues el ruido del abejorreo

Pregonan su silencio.

En cobijas del hechizo de la tristeza

Sigue el destino incansable y sin rumbo,

Cubiertos en negros turbulentos

Emisarios del tormento,

Silencios en los altos del campo,

Haciendo gritar los vientos alaridos

Y llantos del cielo,

Conmueven los sentidos del alma,

Pues como ven llorosos estos vigías,

A los infantes callados en mares de acongojos

Mirando al celeste gris,

Por su calor y divina ternura

Hacer llover.

Pobres andares en cual

Orquestas de luces furiosas

Quieren golpear desesperada

La fría y tierna estrada

De las que descansan nuestras raíces,

En feroces soplos congelados

Dicen mis sentidos,

Calientes claman su furia

Grita el mío y la noble

Alma del bosque desiderio.

Oh! Las odas de tantos azulejos

Al silencio pacifico,

Donde los milenarios señores

Inmóviles y aireados,

Esperan los momentos del canto de rondas

Y haces de ilustre lumbre del Olimpo

Vuelve la sinfonía alegre,

En el rostro refleja esta redención,

La sonrisa en los rostros

De los quienes evocan.

Andan vida así en rostros

Vivos de hermosa devoción,

Con espejos del reflejo profundo

Del cual agua virgen reposa tranquila

Cambia en los pasos del tiempo

Clamamos en humilde y eterna canción.

DESESPERO SOLITARIO

Vaivén de infinita olas

Hacia las raíces de tiernos

Estrados compañeros de eternidad,

La suave arena como ejército caído

Pero paciente a los frescos

Alientos del cielo,

El firme peñasco

Dispuesta a andar

Contra saetas que se escapan

A sus pies;

¿Qué es lo que siente

si son sus raíces cadenas

de los que ni un vestigio dejo pasar?.

El barranco en su cima incipiente

Sostiene la desesperación del aquel hombre solitario

Mirando al azul naranja

De la cobija crepusculada,

Como si quería tocar

Las ilusiones desiderias.

Arropada del viento

De la fresca despedida del día

Esperaba su larga siesta;

Solo siente confusión,

De lo solitario del sonoro canto

De trombas dormidas,

Al rostro del corazón

Dibujado al fondo de los cielos...

¡Ay de los que lejos marco

Esperar a que crezca

y acariciarla...!

¡Pobre del quien sueña

La caricia del ensueño!,

Que una lágrima,

Único consuelo

Brota de sus ojos,

Mirando al verdor

Brote del aterciopelado suelo.

Solo la luz del anhelo

Dará a mirar el horizonte,

No se olvida su declaración:

¡No llores! Llegara pronto,

Voces mudas hacen secar

Las aguas del dolor,

y un aire a su aliento rebosar,

Al desespero amnesia se hizo;

¡Ah! Radiante aura se mostró

Sintiendo en las entrañas

La futura esperanza

Reflejada en los marcos de la sonrisa.

DE LA SOMBRA NACEN LAS ESTRELLAS

De la umbra claman las centellas,

Miniaturas miradoras,

De faroles que gritan el sonido de la nada,

Que en visiones solitarias

De lumbres hijas que refugian

En nuestro rostro las sonreían

Con sus almas invisibles y fervientes

A la estancia del nunca acabar.

En lo hondo del sueño

De luces celestes

En el brillo mañanero,

Que en anhelos viven y luchan,

Las frescas ráfagas tranquilas,

Viajeras desesperadas en el

Camino del rumbo del sin saber donde;

De rebeldes crines al viento

Donceles radiantes

En camino andan en círculo,

Y zainos y blancos disfrutan de

Alarde danza.

De muchas nubes errantes,

De muchos aires de ensueño

Que envueltas en pena

No se dejan hacer existir,

El único apoyo tener

Es vivir en la profunda

Silueta inconclusa

Encierra condenada

A la alegría destinada;

No son los profetas del dolor

Las pacientes columnas vivas

Que de frutos brillantes

Y brazos al firmamento

No niegan en mostrar su cálido fervor,

Inmóviles como los hombres,

Hombres de carne y hueso

Hechos de madera y mármol

Pero lucidos y radiantes

Como fuego eterno

Del siempre soñador.

Y en el fondo oscuro

El inmenso cielo,

Rebozado del negro cuarto del nocturno;

Que en el no visto compás

De querubines

Con corazones fulgurantes,

A la carga del eterno Señor

Mira el fervor que queda

De sus brotes,

Y en la luz de su compasión

Y esperanza de que los

Hombres griten letras

De gozo y logren su pulcritud:

Lo que resumía su noble augurio.

Y de ahí,

De las sombras nacen las estrellas,

El de las lámparas inmortales

Que al sendero del aliento

Son guías,

Y sonríen al horizonte los vientos,

Y los rebeldes potrancos descansan

De la danza de los desesperados,

Y que en lágrimas de aire

Las nubes calman la sed

De tanta paciencia

Dominada por la incoherencia

Y enriquecen los árboles

Que de sus frutos los alimenta

De fuerza aprehendida.

UNA HUELLA

Veo una huella en el camino,

Marcada en árido riel,


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