Excerpt for Techo Inmóvil by Abdul Hadi Sadoun, available in its entirety at Smashwords


Techo Inmóvil

Poemas

Abdul Hadi Sadoun



Techo Inmóvil

By Abdul Hadi Sadoun

Published by Editorial Emooby at Smashwords

©Copyright 2011 Editorial Emooby




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I

Peces muertos

Pájaro en la boca

Llóralo bien

¡Ay de la leona en su ataque!

Nuestros caballos

Es el momento

Escalera

El tiempo de la familia

Momentos acuáticos

Tempestad

Hoyos

Herencia

Caza

Los agujeros

El buitre

Garabatos

Cenizas

Ola

Enseñanza

Advertencia

Los aeropuertos

La Conclusión

Ahogados

Pasos

¿Por qué?

II

Esteras de tanques

Suceden cosas

Las estaciones

Techo Inmóvil

El hotel “ Borges”

Las trampas de la salida

Fugaz

Te construí un barquito

La persiana

Otro imbécil

Claridad

Sin remos

El Último Invento

Mar

5 Haikus en vida Y un sexto muerto

Entonces, no es nada

Pensar en la semilla

Sin dato

La paloma de Picasso

Puzzle

Descubrimiento

Blancura

Letras

Mi noche y tu mañana

Largo poema

Abdul Hadi Sadoun



I

Escribir en Cuneiforme



Peces muertos

Los peces muertos de la fuente,

¿acaso sienten su frío caído de lo alto?

¿acaso miran con asombro mi nuevo traje

ceñido como un cinturón

de tela revuelta por las aves del viento?

Cada día, en el autobús,

cruzo cerca de ellos.

El hombre de siempre,

inclinado sobre la fuente

pule sus escamas de piedra.

Los peces muertos,

¿en qué piensan

si no pueden nadar?



Pájaro en la boca

Mientras me deshago de los versos

Y las tentaciones de las palabras

Inservibles

De la mujer que duerme a mi lado esta noche,

Intento llamar al pájaro del estrecho tragaluz

Espero salga de la sombra

Como lo adivinaba aquel poema que leí y olvidé.

Le espero... hasta que salga de mi boca

Y desaparezca en el silencio.

Mientras doy la vuelta

De un lado a otro

En el hueco de mi deseo

Tampoco pienso en una muerte

Tan clara como dormir

en este momento.

La ignorante mujer, casi inocente

Sonríe en la penumbra.

Mi idea desprecia el amanecer surgente

Me levanto descubriendo el juego

Nada de pájaros

Las carcajadas de esta mujer son la única verdad.

“No es más que viento”, diré

Repitiendo la frase de Gilgamesh el mesopotámico

Un antepasado raro,

Y vuelvo a besar las rosas del mantel.

El pájaro es un viejo recuerdo

De apoderada noche.



Llóralo bien

Llóralo bien,

mas llóralo todo.

Le interesan tus palabras,

pero está dividido

y sabes que todo no lo tendrás.

Llóralo...

Tu llanto producirá la fina grieta

en esta duermevela que llovizna,

el relámpago chispeante.

Llóralo bien,

por el azar que acaso sea

o el próximo amanecer.

Y esperemos

aunque, a cada instante,

desaparezca.

Llóralo bien,

mas no ante la sorpresa

que filtra sus dedos

en nuestras costillas,

no ante la sorpresa

que sin llegar

toca el espacio.

Llóralo bien,

llóralo,

no le dejes bajar la mirada

ni transformarse en otro.

Dale lo suyo

que se levanta en ti.

Y llóralo...

Sin él no habrá mundo para ti.

... Todo

No dejes que escape, sin más.

Llóralo bien,

mas llóralo todo.



¡Ay de la leona en su ataque!

Como una olla hirviente

será su ataque.

Arrastra en su sombra

una espina encarnada.

Juega el hambre con

la leona.

Sus colmillos van a restañar

las murallas.

Los veo relucir en nuestras caras.

Aguardamos en primera fila.

Y resplandecen.

Y se agitan como anhelantes plumas.

El ataque de la leona

nos sorprende,

o quizás algo más recóndito,

quizás el aliento de los antepasados,

quizás aquel ciego,

o Sepúlveda,

quien contaba

la vida del viejo que leía

novelitas de amor.

Quizás no esté ella lejos de las flechas

que hieren su garganta

desde la tabla asiria

donde se revela todo

menos su ataque.

Ay de la leona,

vigilada por nosotros,

anunciándose al otro lado,

contenida solo por un dedo de cristal.

Así la vemos,

dibujándose en su imagen.

Y agoniza su ataque

ante la quietud con que miramos.



Nuestros caballos

Nuestros caballos

de cola

y madera

y clavos

eran conducidos.

Pero ahora nos patean.

¡Ay de este sopor!

Nuestros caballos

de cola

y madera

y clavos,

nos deshacen

costilla tras costilla.



Es el momento

Es el momento

y su sombra

acaso sea yo.

Es rojo

y me ahoga en su tinta,

el momento;

las metáforas se embisten

contra sus paredes de olvido,

insaciables,

eligen,

por fondo, el infinito.

El momento...

Ay de su ausencia

entre un susurro y otro,

chasquido

igual a este

que se acerca débilmente ruidoso.

Su ligereza es la de un disco

que revolca.

Escucho.

Es el momento

quien viene y se va.

Yo

quien aguarda.



Escalera

Para subirme al cielo

Edifico una escalera

Aunque de leños agrietados.

En esta cima no necesito de profetas

Ni pregoneros de malas mercancías

Señalo con el dedo

Y están presentes:

Águilas, ángeles, mariposas, Ícaros

Los alados todos

Quienes no tendrán jamás

Que inclinar las cabezas

Digamos retorno

Resurrección

Reverdecimiento

Nunca caída

Y será la alegría como tocar la barba de Dios.

Digamos espacio

Despacio

Y podremos extendernos

Alargar las piernas

Y los pasos

Jamás digamos abismo.

La vida es confiar


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